Los momentos se desechan, nacen condenados por el tiempo, desaparecen en cada segundo. Tal como un niño expósito - aquel recién nacido abandonado a su suerte en la vía pública para que alguien lo recoja - todo ser natural o no natural, se despoja de momentos intrascendentales, los olvida, para que sean rescatados por el lente y sean desechados en este vertedero, para que aquí, sigan latiendo.
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